Opinión | Las perlas del Congreso.

Ausentismo, el diccionario lo define como una práctica evasiva de obligaciones adquiridas, ahora bien, cuando se entra en contexto, este deprimente ejercicio se materializa en muchos aspectos, desde la persona que no va a la escuela, el que no asiste a una diligencia judicial porque se “machucó un dedo” (caso Samuel Moreno dentro del proceso por el carrusel de la contratación en Bogotá D.C.), y la punta de iceberg, las repetidas inasistencias a plenaria por parte de los padres de la Patria dentro del congreso de la República; entonces ¿Cómo legislan? ¿Será a control remoto?.

Hace unos días finalizando la legislatura anterior se encendió el debate entre los honorables congresistas por este tema, al punto de que sínicamente muchos de ellos justificaban sus inasistencias a trabajar por “cumplir compromisos” dentro de la agenda pública y que ello al ser parte de su trabajo evidentemente justificaba la no concurrencia a plenarias, dejando de lado su real OBLIGACIÓN de hacer leyes en pro del bienestar de la ciudadanía, antes salir al ruedo público a hacer lobby.-

Paradójicamente hace unos días se hundió en la Comisión Primera del Senado, la Ley que castigaba el ausentismo, promovido por el Centro Democrático, lo que indica que los parlamentarios están legislando para hacer favores y no en búsqueda del bien común. Pese a que es un tema que no es nuevo, esto se suma a las barbaridades que los representantes del pueblo están haciendo con los cargos de elección popular, y que consecuentemente dejan entredicho la legitimidad de las instituciones democráticas del País, y por obvias razones su efectividad frente a la solución de las diversas problemáticas que aquejan al País.-

Se ha vuelto costumbre que no es suficiente con que la niñez de la Guajira muera de hambre, por falta de efectividad del Congreso en cuanto a la gesta de leyes que favorezcan a la primera infancia, o que reformen efectivamente los sistemas de salud y justicia, sino que hay que esperar el escenario apocalípticamente más siniestro para actuar; luego de hecho el daño y no antes de que este suceda, lo cual demuestra que NO HAY GARANTIAS REALES, por parte de aquellos que democráticamente se hicieron elegir para ocupar esas curules, pero eso sí, se les tiene que respetar el sueldo, porque de lo contrario entran en paro (sarcasmo)…

Evidentemente el panorama político del país no es el esperado, un pueblo moribundo con hambre de igualdad y condiciones dignas, y un Congreso reticente, desleal y macabro, que amonesta todo lo que genere bienestar colectivo y verdadera justicia social; son pocos los que se pueden sacar de esa “sopa”, sin embargo es deplorable la gestión de esos que representan al pueblo y legislan para el pueblo, y más aún lo es la ciudadanía, al ser un espectador más en un juego en el que unos cuantos deciden por ellos el rumbo del país e incluso hasta que color de ropa interior usar.

Solo el día que la ciudadanía colombiana despierte, no se deslumbre ante la lechona, la teja de zinc, el bulto de cemento, ni el tamal, y se empodere de los mecanismos de participación ante tan paupérrima gestión en el Congreso, solo ese día valdrá la pena decir que se es Colombiano, pues Colombia no es solamente deportes y futbol, es también un pedazo de tierra por el que vale la pena ponerse la camiseta y del que hacemos parte todos.-

Por: MIGUEL ANGEL RODRIGUEZ GIRALDO
Twitter: @rgmigue

Miguel Angel Rodríguez Giraldo

Joven jurista y analista político, gerente general de la firma de Consultorías Rodríguez Urueña Soluciones. Estudios en participación ciudadana y control social de la Escuela Superior de Administración Pública, ESAP.

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