Opinión | El mito del SÍ.

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Como joven me interpela el momento histórico de poder parar como generación, una confrontación armada que empezó 37 años antes que pusiera un pie en este mundo. La necesidad de re-barajar las cartas es apremiante, porque a pesar de lo que digan aquí, nadie pudo con nadie; ni la insurgencia de las FARC pudo tomarse el poder por las armas en sus 52 años de vida guerrillera, ni Uribe por más que prometió que en 4 años con su seguridad democrática iba a acabar las FARC —no pudo en sus 8 años de gobierno—.

Es necesario plantarse con otro juego que nos permita salir de ese inmovilismo en el que nos metió estos años de confrontación armada y ponerle cara a otro tipo de estrategia, que nos permita conducir el país más allá del proyecto de las élites colombianas, llenando de contenido y esperanza a una sociedad colombiana adolorida por una guerra fustigada no solo desde las trincheras de los armados, sino también desde los consejos editoriales de medios de comunicación.

Es necesario arrebatarle el país a la guerra y entregárselo a la gente para que pueda ser reconstruido a varias voces y en varias manos. Por eso se equivocan quienes interpretan el sí en el plebiscito como una contienda entre Uribe y Santos.

Se equivocan porque ninguno de los dos representa la más mínima intención de sacar a Colombia de ese inmovilismo de ser el doceavo país más desigual del mundo, promovido por el proyecto de las elites colombianas, sino que por el contrario, ambos representan desde diferentes matices la intención de generar consensos entre esa elite colombiana y la clase política tradicional.

Se equivocan quienes creen que el Si en el plebiscito es un acto refrendatorio de un gobierno tan desprestigiado como el de Santos, y no por el contrario un primer paso para ganarle terreno a una estrategia que persigue que la clase política tradicional y la elite colombiana se apropien del relato de un episodio histórico como la paz.

Se equivocan quienes creen que Santos merece ese título del campeón de la paz cuando en sus más de 5 años de gobierno se ha dedicado a darle continuidad a muchas de las políticas de la época Uribe, de corte neoliberal, que han agudizado las causas del conflicto político, social y armado en Colombia.

El país está ante un momento de ruptura que requiere tener una lectura más allá de la dejación o entrega de la armas en la que algunas veces coinciden el uribismo y santismo. Necesita esta Nación y su gente, de toda la creatividad e imaginación que nos permita construir nuevos relatos, una leyenda integradora de patria que reinvente un movimiento social, más allá de la apuesta de la resistencia y la crítica, y le permita dotar de sentidos comunes que llenen de alegría, los territorios y, de potencia la cultura para la construcción de un horizonte hacia el buen vivir.

La gente de este país necesita un ejercicio de generosidad que nos permita dejar a un lado las nostalgias y los cercos de fanatismo. Exige de toda la iniciativa y la osadía de tomar riesgos para reconfigurar la geografía del poder en el país, que les permita a los colombianos contar su propia historia y no la escrita por las élites para ellos.

La gente necesita saber sobre los avances de los acuerdos, pero este momento exige la generosidad de ir un paso más allá, de propiciar la reconciliación como un requisito previo de un momento de ruptura en la historia nacional, y llenar a partir de allí, las calles con toda la alegría y la esperanza para que podamos despertar de la pesadilla de la guerra y soñar despiertos con el sueño de la paz.

Por: Cesar Adolfo Parra Arenas
@cesaradolfo6

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Cesar Adolfo Parra Arenas

Ambientalista, profesor de modelos flexibles de educación básica y media dirigida a poblaciones vulnerables, colaborador y facilitador del diseño e implementación de la metodología del plan de desarrollo de la comuna 10, acompañante de las comunidades de la media luna en su anhelo por más de 30 años de legalizar 13 asentamientos, apasionado de la defensa de la naturaleza concretamente del humedal Los Colores.

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