La Cultura Disidente: Los Jóvenes de Colombia

El 20 de abril de 1946 en el Teatro Municipal de Bogotá, Jorge Eliecer Gaitán plantea un concepto que hoy continúa vigente: “En Colombia hay dos países, el país político y el país nacional, el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desatendidos por el país político. El país político tiene rutas distintas a las del país nacional. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!”. Los Jóvenes de Colombia interpretan la crisis planetaria que es una crisis civilizatoria de nuestro tiempo, las causas que motivan su rebeldía acumulan deudas históricas contra su identidad y su condición social como representantes legítimos de ese país nacional marginado, confrontan en la calle las aguas turbulentas de esta vieja República Bipartidista, aferrada a las raíces podridas y a los bejucos sueltos de la maleza que la sostiene: La Corrupción y La Violencia.

Este despertar rebelde de nuestra juventud tiene una agenda de vínculo global, organiza “diversos problemas” propios, ajenos y comunes, difíciles de digerir por la opinión pública tipo, están afuera de la casa del pensamiento homogéneo, roncado día a día por los medios de comunicación y las redes de la información, a distancia del control y la vigilancia social. Están al otro lado de una verdad absoluta vendida masivamente como la única realidad posible: El Libre Mercado. La misma ilusión que retumba por escuelas, universidades, iglesias y otros instrumentos de persuasión ideológicos, el “orden y la institucionalidad” no logra comprender el amanecer de La Cultura Disidente. El disidente es aquel que es capaz de saltar las murallas del engaño propagandista  y subvertirse al control de la opinión pública para luchar por sus reivindicaciones desde su diferencia.

Ya Lippmann, contemporáneo de Gaitán, igual planteó una división social: la “clase especializada”, encargada de dirigir y controlar, y el “rebaño desconcertado”, la gran mayoría de la población y cuya tarea consiste en ser espectadores de los cambios propiciados por la clase especializada. “Esta propuesta se basa en un principio moral bastante cuestionable: la incapacidad de la mayoría para gestionar los asuntos que le interesan”. Por tanto, es necesario “domesticar al rebaño” a través de medios de comunicación, escuela y cultura. Entonces ¿Con quiénes deben negociar los jóvenes de Colombia? Y no es marxismo, ni el liberalismo. Cuando el poder y la democracia fueron desplazados por el libre mercado, ni el presidente, ni los gobernadores, ni los alcaldes, tenían, ni han tenido, la capacidad de respuesta a las demandas ancestrales, éticas, estéticas, sociales, económicas, políticas, ambientales, y culturales que reclaman los jóvenes de Colombia.

Mucho menos pueden ser interlocutores los sindicatos y otras organizaciones símiles, incrustadas en las paredes agrietadas de la institucionalidad que el disidente siente ilegítima. Porque lo que los jóvenes exigen hoy son espacios de poder de decisión sobre el presente de las mayorías. Porque los que representan esas mayorías son pocos y resultan malos negociadores del futuro de los demás. Porque en Colombia ya hace tres décadas esos espacios fueron ocupados por las grandes corporaciones financieras y capitalistas. Porque el Estado ha sido secuestrado por esas grandes corporaciones y se ha fusionado con éstas. Porque la democracia dejó de ser el estado natural de la sociedad y de la vida política del país. Porque los partidos políticos en el poder ahora son sociedades de contratistas y encarnan el capitalismo salvaje. Porque lo privado se impuso y lo público claudicó ante el desprestigio de la propaganda del libre mercado.

Alcaldes y Gobernadores impotentes para negociar la dignidad de su pueblo, que no son mercancías sino derechos. “Los gobernantes se vieron obligados a mentir, a andarse con rodeos, a retroceder, a renegar de sus opiniones y a reconocer que el verdadero poder está en otra parte, fuera de su alcance”. Un Acto Legislativo hace 20 años le sacó de los presupuestos territoriales, 130 billones de pesos y más (hasta el 2016), recursos destinados para Salud, Educación, Cultura, Deporte, Agua Potable, Saneamiento, Alcantarillado y Otros Servicios Públicos. Los jóvenes de Colombia deberían generar un diálogo intergeneracional con sus padres y mirar el espejo de la historia, para comprender que ésta no puede repetirse ni ser escrita por una minoría, y que hoy tiene la oportunidad de hacer y escribir su propio relato con otros que son la mayoría.

¿Es usted disidente?
#YoSoyDisidente!

Erik Puentes

Director ONDA OPITA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *