Neiva sí tiene respuestas para el país

El plan de desarrollo que lidera el gobierno local inspirado en la vida y obra de Gorky Muñoz, se diseñó a partir de una estrategia de diálogo social, participación comunitaria y negociación colectiva, denominada ágora ciudadana. Como modelo de intervención social y humano integra los sectores del desarrollo en tres ejes de gestión y los articula en un eje estratégico: Gobernar desde y para el territorio. Logra definir el territorio con tres categorías conceptuales para el desarrollo sustentable, las cuales responden al análisis de estructura y coyuntura del país en tiempos de pandemia, crisis socioeconómica e indignación nacional: mandato ciudadano – vida – paz.

El modelo es muy sencillo: armoniza el territorio municipal con el regional, nacional e internacional a partir de sus potencialidades. Se crea la oficina de internacionalización que tiene como tarea principal ingresar a Neiva a la globalización –entendida como sociedad del conocimiento– visibilizando su paisaje natural y cultural, organizando la oferta y la demanda material y espiritual, y generando intercambios, relaciones, pactos, acuerdos de manera horizontal entre iguales. Por definición será necesario recrear el POT, ajustarlo a la visión de ciudad inteligente, motivar y alistar el territorio y su diversidad para la producción y la competitividad de bienes y servicios autóctonos y originarios.

El modelo se soporta en la investigación, la ciencia y la tecnología para la toma de decisiones transcendentales que afectan a la mayoría, como acoger los postulados de “Smart City” en un proceso de modernización y mejora de la infraestructura de servicios públicos, y hermanar los valores de “Ciudad Educadora” para convivir en conflicto sin afectar las relaciones hábitat – habitante – hábitos. El alcalde viene acertando con sus decisiones locales apuntadas al orden nacional y se anota otros aciertos gobernando desde y para el territorio: su liderazgo social y solidario, construyendo siempre con el deseo ciudadano respuestas oportunas para mitigar los efectos de la pandemia y la contracción económica en la vida de sus habitantes, acciones que hoy tienen impacto regional y nacional.

A futuro para legitimar el modelo de intervención social y humano como modelo de gestión pública, el gobierno local propone tres líneas de acción: 1. La Constituyente Ciudadana. 2. La Escuela para la Gobernanza Local. 3. La Universidad Popular. La primera consiste en activar la conversa y el diálogo intercultural con el territorio y las comunidades a través de una agenda común y diversa, abrir asambleas por comunas y corregimientos y pactar un acuerdo colectivo en un gran consenso municipal. La segunda responde a la necesidad de empoderar y potenciar a la comunidad de los mecanismos de participación ciudadana y colaboración comunitaria para la construcción de lo público, apropiación del territorio, formación política y económica, intervención y transformación del hábitat; organización de la acción comunal, la minga y el poder popular. La tercera es la creación de una institución de educación superior para la formación técnica, tecnológica y artística, que responda a las demandas sociales del saber ancestral, informal y científico, y nos permita instalarnos en la sociedad del conocimiento con capacidades de innovación y producción para ser protagonistas en el mundo del trabajo global.

El alcalde hizo del territorio un laboratorio de vida y paz, es el mandato ciudadano al servicio del otro; ahora mismo que el país camina por tierras movedizas, donde lo que creíamos normal resultó mal, un país que necesita retomar la agenda mundial, abandonar la vieja escuela feudal de gobernar con reyezuelos desde sus andamios burocráticos, valorar la diversidad de sus pueblos que lo constituyen como plural y multicultural, dejar atrás el discurso único y acabado de la guerra fría. Bien es permitir a la ONU, a la Iglesia Católica y a la Comunidad Internacional unirse a la marcha por la dignidad y retomar la agenda mundial del siglo XXI para Colombia. Nuestros pueblos reclaman en las calles más Estado, más Poder, más Dignidad, DESDE Y PARA LOS TERRITORIOS. No podemos negarles a las nuevas generaciones que son las más afectadas durante los 54 años de guerra fratricida, la otra Colombia posible que nos demanda el nuevo orden mundial: un territorio de vida y paz. Es nuestra manifestación de perdón y permiso para marchar hacia la materialización de los derechos humanos y pervivir sin matarnos.

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