Huilenses, de cazadores a conservacionistas

Cerca de 46 familias huilenses hacen parte del Grupo de Monitoreo de Fauna Silvestre “Huellas del Macizo”, dedicado a la conservación del oso de anteojos y la danta, en el uso de las cámaras trampa. Varios de ellos se dedicaban a la caza de estas especies.

La importancia de las cámaras trampa en la conservación de especies amenazadas toma vuelo en el departamento del Huila, específicamente en el municipio de San Agustín.

Un oso de anteojos intentando trepar un árbol, una danta con su cría o los ojos de un puma en la noche amazónica son algunas de las imágenes captadas gracias a cámaras trampa, herramientas que se vienen utilizando en la capital arqueológica del Huila, para registrar fotos y videos que demuestren la biodiversidad de esta área.

Este heróico trabajo de conservación lo viene realizando el Grupo de Monitoreo de Fauna Silvestre “Huellas del Macizo”, conformado por 46 familias que en otrora, se dedicaban a la caza de estas especies vulnerables a la extinción.

Héctor Males y José Carlos Muñoz, son uno de los huilenses que cambiaron la escopeta por cámaras trampa, lo que les ha permitido conocer más a fondo de la especie y su importancia en los bosques del macizo colombiano.

Conservación

Un triste día en el que dejaron de encontrar huellas de osos y dantas en el bosque les permitió recapacitar del error que cometían: comerse estos animales por el jugoso sabor de su carne y supuestas propiedades curativas de la grasa del oso.

Hoy día, ya cuentan con más de siete mil registros de ejemplares en la zona, gracias a cámaras trampa que han instalado en un lugar mágico digno de la biodiversidad colombiana, donde hasta un puma ha sido captado por el lente.

Héctor Males y José Carlos, salen una vez al mes; toman sus equipos (cámaras fotográficas, GPS, cámaras trampa y medidor de huellas) y caminan cerca de 6 horas entre ríos, montañas y árboles de 20 metros de altura, en busca de osos y dantas. De una tradición que pasó de generación a generación en las veredas de San Agustín, hoy no queda casi nada.

Estos huilenses, encontraron otra forma de cazar a estas especies sin necesidad de acabar con ellas. De cazadores pasaron a ser conservacionistas y monitoreadores de la biodiversidad.

José Carlos Muñoz, se crió como cazador de osos y desde muy niño aprendió a enfrentarse a las garras de este animal que alcanza a medir los 2 metros de alto, y pesa cerca de 175 kilos. Sin embargo, hoy le apunta a la conservación y se arrepiente de haber atentado contra esta especie. De la mano de la CAM, y en compañía de Héctor Males y habitantes de la zona, monitorea la biodiversidad del lugar y trabaja con las comunidades locales para la conservación de ciertas especies.

Una osa tiene celo una sola vez al año y, con suerte, puede tener hasta tres crías que cuida hasta los dos años. Las dantas de montaña entran en este período cada dos años y solo nace una cría.

Según la Union Internacional para la Conservación de la Naturaleza, se ha reducido considerablemente el hábitat de estas especies. En 30 años se perderá el 30% de la poblacion de estos animales, por eso el trabajo del grupo “Huellas del Macizo” es heróico. En las montañas del Huila hoy se está aumentando la especie; comunidad pide un Centro de Investigación.

Jenifer Osorio

Periodista y Diseñadora Gráfica

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