Campesinos de Vegalarga, quebrados y olvidados

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La mayor despensa agrícola de la ciudad de Neiva, ubicada a 40 km de la ciudad, padece un viacrucis de no acabar.

Desde hace 36 años el mercado campesino de Calixto Leiva, ubicado a un costado del polideportivo de este barrio en la comuna siete, al sur oriente de Neiva; se convierte en el punto comercial popular preferido de los ciudadanos que desean comprar productos sanos y de excelente calidad, cultivados por campesinos de la región, especialmente de la zona veredal de Neiva.

Son aproximadamente 146 familias, las cuales un 70% provienen de veredas del oriente de Neiva, y 30% de otros municipios cercanos a la ciudad. Todas ellas beneficiadas cada viernes y sábado con la venta de legumbres, frutas, panela, derivados lácteos, y otros productos, en puestos de mercado hechos por ellos mismos con canastas y estibas, cubiertos con improvisadas carpas, por la falta de una cubierta que les dificulta su estadía y la conservación de los alimentos; generando en muchas ocasiones filtraciones de agua y charcos por causa de la lluvia. Confirmando el olvido en el que se encuentran desde hace muchos años, por parte de los entes gubernamentales.

De acuerdo con el presidente del mercado campesino de Calixto, Ilder Hernán Vidal,  hace 18 años les impusieron una acción popular con orden de desalojo de esa plazoleta por invasión al espacio público; dictamen que pudieron apelar al Consejo de Estado en Bogotá, ganando este litigio; ordenando así que el alcalde de la época y los posteriores a Cielo González Villa, debían organizar el mercado campesino. Sin embargo, han pasado 20 años y no han podido tener las garantías necesarias que los motive a continuar con esta actividad en este punto de la ciudad.

“Todavía nosotros andamos como pordioseros…como en la calle del cartucho, mojándonos, aguantando sol, por eso necesitamos el techo. Todo lo que los consumidores ven, es gracias a que nosotros con esfuerzo y sudor hemos hecho”, expresó Ilder Vidal.

 

Vías en mal estado: un dolor de cabeza

Para Luz Helena González, oriunda del corregimiento de Vegalarga —quien en promedio un fin de semana o dos, se vende 400.000 mil pesos— vivir de ese mercado ha sido un desafío de “verracos”; ya que para lograr esto, no solo tienen que madrugar de 2:00 a 3:00 am, sino cargar sus productos en mula, atravesar trochas, abismos, deslizamientos de tierra y caminos de barro hasta llegar al vehículo que los transporta, que en muchas ocasiones es una “chiva”, aunque en su caso, es una moto.

También deben soportar el pésimo estado de la vía Vegalarga – Neiva, que parece más una trocha, sufrir accidentes y muchas dificultades en la comercialización, haciendo que un viaje de una hora o dos, se convierta en cuatro… hasta siete horas cuando llueve. Causando que los productos como huevos, frutas, tomate y queso, se dañen, dejando grandes pérdidas económicas.

“Nosotros vivimos de esto. Yo vendo insulsos, huevos, mandarina, y todo lo que se coseche. Pero por culpa de la carretera he tenido pérdidas hasta de $1’000.000 en el mes, y accidentes graves, poniendo en riesgo mi vida”. Afirmó, Luz Helena.

Aunque la mayoría de campesinos se sienten desmotivados, a punto de abandonar sus puestos de venta. Existen todavía las esperanzas de encontrar un cambio a toda esa situación, debido a promesas para mantenimiento de la vía, y por otro lado, dos proyectos de entechado y dignificación del mercado, que según Ilder, la alcaldía junto a la gobernación prometieron hace seis meses al gremio agricultor. En otras palabras, Neiva tiene presupuestado invertir 100 millones de pesos y la gobernación del Huila propone construir un techo móvil que se pueda correr con facilidad para no cambiar el uso de suelo.

Mientras tanto los campesinos de Vegalarga y otras veredas de municipios cercanos a Neiva, siguen quebrados, embolatados y en olvido absoluto por parte de los entes gubernamentales, que prometen ayudas pero no cumplen.

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