Barlovento: el edificio de la infamia.

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Barlovento significa: “de donde viene el viento”; y aun cuando han transcurrido 14 meses de la tragedia del Estadio Guillermo Plazas Alcid en la ciudad de Neiva, desde las ruinas de lo que alguna vez fue el máximo escenario deportivo de los huilenses, soplan vientos de indignación y deshonra hacia el oriente de la capital opita, donde muy erguida se observa una infame obra de ingeniería; un edificio residencial, al parecer bien hecho, que tal vez podría tener entre sus muros, parte del erario público —un negocio de particulares que lucra a unos pocos—.

Con el antecedente de cuatro muertos y un detrimento patrimonial de $28.848 millones que se destinaron a una obra inservible y pese a que existen tres personas privadas de la libertad y otras vinculadas al proceso, por las presuntas irregularidades cometidas en la etapa precontractual y contractual de la famosa remodelación del estadio, estando en curso una investigación por responsabilidad fiscal por parte de la Contraloría General de la República, que involucra al actual y anterior alcalde de Neiva junto a unos funcionarios de la administración municipal; curiosamente ni en lo penal, ni en lo civil, ni en lo fiscal, aún figuran sometidos ante la justicia, ningún miembro de la tal interventoría.

El contrato de interventoría del estadio se suscribió el 16 de enero de 2015 por valor de $1.199 millones, después recibió una adición presupuestal firmada por la administración de Lara Sánchez a través de su jefe de contratación Fernando Mauricio Iglesias, de $435 millones en febrero de 2016 (Más de $1.600 millones costó la interventoría). Siendo el representante legal de esta, un vendedor de estufas (Luis Alfonso Trujillo Briñez), en Neiva todos sabían que quien realmente representaba esa “fachada” —al menos como director— era Jaime Andrés Arévalo Rojas; un Ingeniero Civil egresado de la Universidad Cooperativa sede Neiva en 2002, hijo de Jaime Arévalo Villareal y de Rosalba Rojas Medina (hoy UTL de Jorge Eduardo Géchem). Jaime Andrés, hermano de Rocío Del Pilar Arévalo Rojas (Coordinadora de Desarrollo Financiero en Comfamiliar Huila) —según versiones— era realmente “el dueño” de la interventoría; así en el papel figurara el esposo de su tía Alicia Rojas Medina, el comerciante Luis Alfonso Trujillo Briñez (su tío político).

Entendiendo que Jaime Andrés no podía participar de ningún proceso contractual con el municipio en la administración anterior, al estar impedido por ser su esposa Carolina Moncaleano Clavijo, asesora de despacho del exalcalde Pedro Hernán Suarez Trujillo; Arévalo habría organizado todo para crear el Consorcio Interventoría Estadio 2014 con la complacencia de la administración municipal. El 04 de agosto de 2014 (pocos meses antes de la adjudicación del contrato de interventoría del estadio) nació en Cámara de Comercio la empresa DICON DISEÑOS Y CONSTRUCCIONES INGENIERÍA SAS Nit. 900.756.276-5 cuyo representante legal titular es Luis Alfonso Andrade Barrero (amigo cercano de Jaime Andrés) y como Representante legal suplente figura el joven Luis Ricardo Trujillo Rojas, primo de Jaime Andrés y además hijo del supuesto representante legal del Consorcio Interventoría Estadio 2014 (Luis Alfonso Trujillo) y de Alicia Rojas Medina (tía de Jaime Andrés). La firma (DICON), cuyos “dueños” ninguno es ingeniero, con toda la inexperiencia jurídica y técnica del caso, se convirtió rápidamente en contratista del municipio de Neiva, siendo Pedro alcalde. En 2015, “chicho” Rodríguez, actuando como Gerente encargado de Empresas Públicas de Neiva, le adjudicó a la recién creada, un contrato para la construcción de un acueducto veredal en zona rural de Neiva por valor de $329 millones, también les entregaron la interventoría del Helipuerto del Batallón de Movilidad de Neiva, en un “supuesto” consorcio donde tenían el 98% de participación, entre otros contratos públicos. La nueva DICON con sólo 4 meses de vida jurídica y sin experiencia, apareció liderando el famoso Consorcio Interventoría Estadio 2014 con el 70% de la participación, sumando a esta sociedad a dos contratistas con porcentajes del 25 y 5% respectivamente; esto para cumplir con las llamadas “exigencias” del pliego —Licitación que solo tuvo un oferente—. Detrás de todo esto, estaría Jaime Andrés, a quien la interventoría lo vinculó laboralmente como Director de la misma, mediante un supuesto contrato que le hizo su tío político (el vendedor de estufas).

En la foto: Luis Alfonso Trujillo Briñez (izq) y Jaime Andrés Arévalo Rojas (der)

Jaime Andrés, quien en 2007 apoyó las candidaturas de Héctor Aníbal Ramírez y Luis Jorge Pajarito Sánchez, en 2011 lo hizo con Pedro Hernán, con quien le fue muy bien. Además de la empresa DICON SAS que se volvió contratista del municipio; su esposa llegó como Directora de Justicia y posteriormente terminó como asesora de despacho del alcalde; su madre Rosalba Rojas de Arévalo, quien perteneció al directorio municipal del Partido de la U y siendo UTL de Géchem, fue la coordinadora del programa “Mujer Neivana Productiva” de la Alcaldía; vínculo contractual que se firmó por interpuesta persona a través de su sobrina Sandra Milena Rojas Rojas (prima de Jaime Andrés), para evitar violar el régimen de inhabilidades e incompatibilidades. Las tías Cenia y Elsa Rojas Medina, también lograron contratar con la administración de Pedro; y su prima Diana Marcela Trujillo Rojas, hija del representante legal de la interventoría del estadio y hermana del joven Luis Ricardo (Rep. legal de DICON SAS), también era contratista del municipio. —Al mejor estilo de la telenovela La Saga: “Negocio de familia”—. Indignante y poco ético, estos y otros contratos demuestran la afinidad y cercanía que existía entre el alcalde Pedro y la familia del distinguido ingeniero Arévalo.

Pero no todo han sido creces; demandas como la interpuesta en 2005 por Daniel Pérez Losada por una deuda de tan solo un millón doscientos setenta mil pesos contra Jaime Andrés Arévalo; o en 2006 la de Edgar Jaramillo por incumplir un contrato de arrendamiento, o en 2010 la de Juan Pablo Villegas por una deuda respaldada en una letra de cambio por $26 millones, entre otros procesos civiles de mínima cuantía, demostrarían que el hábil Ing. Jaime Andrés Arévalo, hasta hace algunos años, no era el hombre pudiente y gran empresario de la construcción con el músculo financiero que muchos creen. Con su derecho divino a sobresalir y a crecer económicamente, el estilo de vida de este individuo, curiosamente mejoró desde que Pedro fue elegido alcalde; por lo menos sus deudas pagó y pasó a ser persona jurídica.

Mientras en enero de 2015 se ponía la primera piedra para la remodelación del Estadio Plazas Alcid, en la misma época en el barrio Prado Alto de Neiva en la calle 7 con carrera 31 esquina, se pegaba el primer ladrillo de un inmueble que consolidaría doce apartamentos y tres locales comerciales en un complejo urbanístico de cinco plantas, con parqueaderos, sótano, ascensor, terraza y áreas comunes. Un edificio estrato cinco que comercialmente supera los 3 mil millones de pesos.

Para lograr este proyecto, “el dueño” de la construcción registró el 29 de julio de 2014 en Cámara de Comercio de Neiva, el nacimiento de Inversiones Habitar del Prado SAS, siendo Jaime Andrés Arévalo, el representante legal de la empresa. Esta firma, al tiempo que se iniciaban las obras en el Plazas Alcid, empezó a levantar su proyecto urbanístico: Barlovento. Un inmueble ya descrito, con buen diseño arquitectónico y a diferencia de la remodelación del estadio, este no tuvo accidentes u homicidios, ni sobrecostos. Hace poco, la edificación se terminó de construir y hoy se exhibe en un prestigioso sector de la ciudad. Ante el resultado, muchos se preguntan ¿cómo financió la obra?, pues quien vendía los apartamentos no era una fiducia. Lo hacía directamente su progenitor Jaime Arévalo Villareal.

Hoy, cuando lo del Estadio parece haber entrado al cuarto frío y cuando los huilenses probablemente tendrán que decirle adiós al Atlético Huila y al fútbol en su máxima categoría, porque el equipo se iría de esta tierra por no haber un escenario deportivo como lo exige la Dimayor; Barlovento y su mentor, se burlan del pueblo que aún reclama justicia por el “elefante blanco” que posa en el barrio La Libertad. Es momento que los entes de control rompan el silencio y salgan del hermetismo que le han dado a los procesos del estadio. No es posible que mientras el pueblo empieza a olvidar lo ocurrido, todavía quienes participaron de este, sigan libres y campantes, vendiendo apartamentos —así el vendedor sea su sr. padre—.

Barlovento solo simboliza la infamia y el repudio de la sociedad opita, por eso, ¡Neiva reclama justicia!.

Barlovento en Construcción. Foto, septiembre de 2016.

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Erik Puentes

Periodista agremiado al Círculo de Periodistas Del Huila.

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