OPINIÓN | ¡Creamos en lo nuestro!

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Una gran problemática social y cultural que se ha ido arraigando poco a poco en muchos colombianos, es la falta de sentido de pertenencia. en Colombia hace mucha falta creer en lo nuestro, creer que somos capaces, creer que así como algunos colombianos se inventaron “la coca en tacones”, “la coca enfrascada con mermelada” y otras formas ingeniosas de traficar con drogas, también pueden crear proyectos brillantes para el bien común; hace falta creernos el cuento, no ser ilusos pero sí sensatos, hace falta sentirnos colombianos, como diría en antaño el gran Jaime Garzón: “en Colombia no hay colombianos, los ricos se creen ingleses, los de clase media se creen gringos, y los pobres se creen mexicanos”. Esta acertada expresión sigue con vigencia, los colombianos preferimos ir a mercar a un gran centro comercial porque es bonito y podemos tomarnos fotos en vez de ir a un mercado campesino a colaborar con los pequeños y medianos productores, y adquirir productos frescos y a menor precio.

Soñamos con tomar nuestras vacaciones en Acapulco, Miami, Paris o Roma, sin antes haber conocido la cantidad de sitios turísticos, mágicos y hermosos que poseemos en Colombia, que están muy por encima de cualquier otro lugar predilecto del mundo. O quienes no quisieran conocer llanos orientales, el mundo salvaje del Amazonas, el Pacífico, el Caribe y otros cientos de lugares mágicos.

Qué concepción tan errada tenemos muchos colombianos, preferimos comprar camisas francesas, pantalones italianos y zapatos ingleses, cuando en Colombia existen distinguidas marcas locales que perfectamente están al nivel de las europeas, pero como es típico, preferimos lo de afuera.

Tal vez este problema social se lo debemos en parte a los “padres de la patria”, quienes con los fatídicos TLC han ido hundiendo poco a poco al pequeño y mediano productor que con esfuerzo trata de generar empleos y de competir sin garantías contra los magno productores extranjeros que ni producen empleo ni pagan impuestos significativos y por el contrario se llevan la platica de los ilusos colombianos, esta tesis toma fundamento cuando en el diario vivir una libra de tomate importado vale mucho menos que una libra de tomate nacional; a veces en precio, el importado ‘barre y trapea’ al nacional, pero en frescura y calidad lo local toma la delantera, pero ¿que preferimos los colombianos precio o calidad?

Creer en lo nuestro es apostarle a nuestro campo, es apostarle a la educación nacional, apostarle a las futuras generaciones quienes por vocación están llamadas a dirigir los destinos nacionales, regionales y locales; cabe recordar que la riqueza de un país no solo se mide en la cantidad de petróleo que genera sino también en la producción intelectual de sus ciudadanos, creer en lo nuestro es creerle a los nuestros, creer en sus capacidades e incentivarlos a la construcción de una mejor sociedad.

Es por esto que lo invito querido lector a que creamos en lo nuestro, a que tumbemos y dejemos atrás el pensamiento troglodita de creer que lo del colombiano es malo y lo del gringo muy bueno; consumamos productos nacionales, conozcamos la majestuosidad del paisaje colombiano, no nos apresuremos a irnos a tierras lejanas sin antes explorar la magia de Colombia, amemos a esta tierra bendita, a nuestras costumbres culturales; volvamos a nuestras raíces, comuniquemos persona a persona y no chat a chat, sentémonos al ocaso en la mecedora sobre el andén de nuestra casa, riámonos con el vecino, saludemos al que pasa, retomemos nuestra identidad, trasmitámosela a nuestros hijos; la riqueza más grande que le dejaremos a estos es la educación, una educación integral que complemente lo intelectual con lo cultural, narrémosle la historia colombiana, las horas buenas y malas. Recordemos que el pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla.

Saquemos de nuestra mente el decir que pertenecemos al tercer mundo, mundo solo hay uno y en el que todos cabemos, no tenemos nada que envidiarle a los demás, si los mexicanos tienen la cultura Azteca y los peruanos el Machu Pichu, nosotros tenemos el parque Tayrona, el parque arqueológico de San Agustín, Ciudad Perdida y otras grandes herencias precolombinas, lo tenemos todo, como dirían los abuelos: “Mijito va pal` cielo y va llorando”

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Sergio Quimbaya

Neivano, estudiante de Derecho de la Universidad Surcolombiana. Ex seminarista católico, convencido de la importancia de la ayuda mutua, preocupado por la pérdida de valores en el seno familiar y la falta de sensibilidad humana.

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