Tala de árboles en Pitalito

En Pitalito, por motivo de la venta una propiedad por parte de la señora Cecilia Vargas, creadora de la chiva de barro, se llevó a cabo una gran tala, son casi 70 arboles pertenecientes al bosque nativo del casco urbano, que tendrían aproximadamente 80 años de antigüedad.

Iniciando el mes de marzo, se inició el proceso de tala de 29 arboles y 40 guaduas, que estaban ubicados en el predio diagonal al coliseo cubierto del municipio. La mujer, dueña del predio, vende a un coronel retirado, un lote de aproximadamente 30 metros por 50, perteneciente al bosque donde se llevaría a cabo un proyecto urbanístico. Las autoridades ambientales dictan que la compensación por la afectación ambiental y ecosistémica es una cuota no mayor al millón y medio de pesos y la donación de 150 árboles (que inician su proceso de crecimiento) a la CAM.

La CAM (Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena) entidad territorial encargada de otorgar las licencias de aprovechamiento ambiental, en este caso el permiso para la tala y extracción de un bosque natural y artificial, impone una ley de compensación, la cual pretende ser un mecanismo para la reparación de las consecuencias ambientales que generan las actividades humanas sobre la fauna y la flora, supremamente leve y que no podrá ser evidenciado sino hasta después de 20,o inclusive 100 años, ya que los árboles que se entregan estarían apenas  iniciando su etapa de crecimiento.

El bosque nunca se halló bajo protección, ya que es un predio privado y la legislación permite que se haga aprovechamiento de este, ya que sin un estudio que indique a las autoridades que debe ser protegido, es un espacio vulnerable. Sin embargo, se tiene conocimiento de que en él habitan especies de fauna y flora nativa de más de 80 y 100 años de antigüedad, que poseen un valor ecológico significativo.

La necesidad de proteger el espacio es ecológica, ambiental y moral. El bosque es el pulmón de la ciudad, hay más de 200 árboles, es un regulador atmosférico porque procesa las partículas que emiten los gases liberados por el casco urbano, además de embellecer el espacio y dar hábitat a diversas especies locales y migratorias.

El bosque alberga a cientos de aves, algunos mamíferos pequeños, una gran cantidad de insectos, diversos tipos de flores y nueve especies de árboles de los cuales tres especímenes, son de escasa presencia en la región.  Entre las especies vegetales encontramos los repositorios de guadua, que generan un ambiente fresco por la absorción de agua, cumpliendo así una función de regulación de la temperatura.

Según lo establece el estatuto forestal, cualquier obra o actividad de aprovechamiento que se pretenda realizar en este tipo de espacios, ya sea talar, tumbar o sacar especies que son nativas de la zona, se debe hacer bajo control de la licencia otorgada por la corporación (CAM), y debe contar con una medida compensatoria. Sin embargo, dados los hechos y características del caso, esta no puede realizarse en la misma zona, lo que implica que el daño realmente  no se remedia , aunque el proceso se lleve a cabo en un lugar con similares condiciones como lo indica la normatividad.

La bióloga y gestora de recursos naturales. Katherine Suarez, comenta sobre la necesidad de las zonas verdes en Pitalito y los permisos de la corporación: «Dentro del plan de ordenamiento territorial de Pitalito se deben establecer zonas verdes, algo que en el municipio, se está perdiendo por lo relacionado con el tema de construcción y los tipos de permisos que está dando la corporación para la explotación o actividades sobre este tipo de lugares» «Dentro de las zonas urbanas no hay zonas declaradas de alto nivel de conservación porque no hay estudios que digan que estas deben ser protegidas»

Los ambientalistas del municipio emprendieron jornadas y procesos de gestión para detener el proyecto de tala, pero este era inevitable, como lo afirma Juan Pablo Cabrera, ambientalista del municipio: “No había nada que hacer, tenían aprobados todos los permisos, hasta el de bomberos». Se desarrollaron actividades como plantones o divulgación de la situación y aunque tuvo un recibimiento grato por parte de los medios y la ciudadanía, no cambiaría el pronóstico que se tenía. «Eso fue un delito dentro de lo legal, nunca se va a poder remediar el daño hecho, porque reforestar no suple ni alivia la deforestación» añadió el activista ambientalista.

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