Opinión | Un Presidente decente

Por Samuel Gutiérrez 

“En estos tiempos es más fácil divulgar la inmoralidad que la decencia.” Decía el escritor español José Luis Sampedro. Verdad absoluta y palpable por estos días, más en un país folclórico y criticón como el nuestro.

El 26 de enero del año en curso, amaneció el país con una noticia verdaderamente triste y lamentable, a causa del coronavirus fallecía Carlos Holmes Trujillo, Ministro de Defensa del actual gobierno y uno de los políticos más importantes no solo del Centro Democrático, sino del país en general. Luego de permanecer varios días en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Militar, perdió la batalla de la vida contra esta maldita enfermedad. Las reacciones en el mundo político y las redes sociales no se hicieron esperar, lastimosamente lo que más llamó la atención fue la celebración de algunos compatriotas tras el deceso del dirigente vallecaucano. Increíble que algo tan doloroso, traumático y sagrado si se quiere, como es la muerte de un ser humano, haya sido motivo de felicidad para algunos, además se trataba de una persona de bien, un señor en todo el sentido de la palabra, un Ministro diligente que estaba gestando golpes contundentes al ELN y el narcotráfico.

En un país que ha normalizado la violencia y cualquiera de sus expresiones, a veces se hace común las faltas de respeto y la burla por cualquier situación. Pero al parecer se han cruzado limites que rayan con la falta de humanidad. Claramente se vio en el velorio del doctor Trujillo, donde el presidente Iván Duque se dispuso a dar más que un discurso, unas sentidas palabras donde mostraba su cariño, amistad y el fuerte dolor que estaba sintiendo por la partida inesperada de su amigo y consejero, llevado por la emoción, en medio de un lapsus, erróneamente conjugo mal un verbo, motivo suficiente para que sus detractores lo usaran de burla e iniciaran a atacar al mandatario. Con memes, videos, notas de prensa y publicaciones en todas las redes sociales, prácticamente despellejaron a Duque. Es normal equivocarse, más al hablar, mas con nuestro rico idioma, lo que no es normal es que se estén burlando de un error cometido en medio de un velorio, un velorio de un ser querido. Recuerdo que hace unos años en la misa que le hicieron a mi hermana por su pronta partida al cielo, mi tío Alex dio unas palabras, se equivocó en algunas, pero como nos habríamos sentido nosotros o él mismo, si afuera estuvieran miles de personas burlándose de ello y no respetando nuestro dolor. Seguramente mal.

Hoy me pongo en los zapatos del presidente Duque, y entiendo su dolor, pues no solo murió un miembro de su equipo de trabajo, sino también su amigo, su consejero. No tiene que ser nada fácil estos días, estar llevando ese dolor por dentro, al tiempo la enorme responsabilidad del dirigir al país, también aguantar un grupo de desalmados que perdieron todo el sentido de humanidad, que mezclan la política con todo, que no sienten paz en su interior como profesan, que se creen perfectos para todo criticar, y se han burlado del dolor del mandatario, de su perdida.

Todos estos episodios, me han hecho analizar detenidamente el actuar del presidente, al ver como lo critican porque si o porque no, y la conclusión es clara, es un hombre decente, nunca se ha salido de sus casillas, nunca ha caído en el juego de responderles con la misma moneda, sigue trabajando arduamente por sacar este país adelante, por manejar lo mejor posible esta pandemia para la que nadie se preparó en el mundo. A pesar de los ataques sin piedad hacia sus seres queridos, hacia su gobierno, hacia sus actuaciones, a pesar de las noticias falsas que publican en su contra, de la crítica desmedida y feroz, él no ha perdido la decencia, la misma que siempre ha tenido y que es una gran cualidad que pocos y menos en el mundo político poseen.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *