Opinión | “El inicio de una nueva y verdadera guerra”.

Con el anuncio de la llegada de la paz -así sea una paz imperfecta; pero al fin y al cabo paz- terminamos la semana que acaba de pasar.

Seremos muchos los que seguiremos criticando el fondo de los acuerdos en la habana, pero creo que los mismos debemos plantear propuestas para lograr una paz sin violar el código penal Colombiano y mucho menos la fuente de nuestras leyes; como lo es, la constitución política de nuestro país. No se puede desconocer que para penalizar a los victimarios se ha creado la justicia transicional, así esta tenga lánguidas y escuetas penas para quienes por muchos años sembraron el terror en Colombia.

Con el holgorio y la algarabía de: protagonistas de los acuerdos, oportunistas, lagartos y algún sector del sufrido pueblo colombiano, se está dejando por fuera, sin protagonismo y a la sombra del fin del conflicto armado con los narcoterroristas de las FARC, lo que sucedió hace dos semanas en la capital del departamento del Huila; concretamente me refiero a la caída en pleno proceso de construcción de unas losas de la tribuna occidental del estadio de futbol ubicado en el barrio la libertad de la ciudad de Neiva. Hecho que dejó un saldo trágico de cuatro personas muertas y diez heridos. Con lo sucedido se deja en evidencia la corrupción que sigue a “todo galope” en nuestro país, siendo este un hecho generador de violencia por todos los periféricos y consecuencias que genera.

El ex alcalde de la ciudad Pedro Suarez aprovechándose del clamor nacional que pedía que la ciudad tuviera un verdadero epicentro deportivo, representado en un escenario digno para la práctica de algunos deportes; específicamente futbol, porque para atletismo ya no estaba habilitado, dado que no se a quien se le ocurrió la idea de borrar de un brochazo la pista atlética.

Para mediados de 2013 se publicitó en todos los medios nacionales con bombos y platillos, lo que sería el nuevo escenario deportivo para la ciudad, el cual según el día del “pantallazo” dijeron que lo harían con 21 mil millones de pesos, recursos que saldrían de las regalías. Con este anuncio se oficializo lo que sería la gran oportunidad para que quienes gobernaban la ciudad en ese entonces; el alcalde de Neiva y sus secuaces, junto con el Consorcio Estadio 2014 y el supuesto interventor de la obra, hicieran el tridente de la corrupción. Ya podemos ver que la remodelación de este escenario deportivo ha estado llena de maniobras sospechosas, sobre costos, retrasos, y en fin, toda clase de actos propios o sintomáticos de corrupción.

Empezaron por cambiar los diseños iniciales aprobados dentro del proyecto presentado a la OCAD, después solicitaron adiciones presupuestales, luego con el cambio de diseños y la adición presupuestal, dijeron que los recursos hasta la fecha asignados, -29 mil millones de pesos- solo alcanzaría para atender la etapa uno; un nuevo gramado, es decir la cancha como tal, los camerinos y dejar planteado lo que sería una tribuna occidental de siete pisos; en pocas palabras una obra inconclusa, faltando para completar las otras 3 fases o etapas “planeadas” algo así como 50 mil millones de pesos, lo que yéndole bien a la ciudad, sería una inversión total de 80 mil millones de pesos al final de las cuatro fases o etapas, cifra escandalosa para una ciudad que si bien es cierto necesitaba remodelar el vetusto y destartalado estadio de futbol, también lo es, que fue una inversión muy alta desde el punto de vista costo beneficio, además que la ciudad como tal, tiene necesidades de incidencia social general, que ameritan ser ubicadas o atendidas antes que la remodelación del mismo estadio; pero como dicen en la calle “ya entrados en gastos” esa era la obra a atender.

En cuanto al escenario como tal, digamos que sensato era trabajar un estadio con una capacidad máxima de 20.000 espectadores y que tuviera todas las comodidades para el público asistente y las exigencias para ser homologado como un escenario FIFA, para lo cual los 21 mil millones de pesos era más que justo y acorde a los 350 mil habitantes que tiene la ciudad de Neiva. Lamentablemente los hechos de corrupción en nuestro país, son casi que obligación en los diferentes servidores públicos, en este caso, el alcalde , quien para su campaña política y para poder llegar al cargo, necesita del patrocinio y apoyo económico de personas adineradas, que como es lógico aspiran a que su inversión en el proyecto pro alcaldía “del amigo” se les devuelva Quintuplicada -lo acostumbrado en apoyo a campañas políticas- este retorno de la inversión por lo regular se da es en contratos de obra, la otra forma de poder pagar lo que han aportado sus patrocinadores, es vendiendo los diferentes contratos de obra que se ejecutaran dentro de su administración, que por lo general tienen un valor sobre lo estimado en costo total, de un 20% que pagará quien quiera “ganarse la licitación” si fuera por este medio, si es por contratación directa –dependiendo el monto– o a dedo, será más fácil de otorgar.

En conclusión el político, candidato o aspirante al cargo lo que ha hecho es “venderle el alma al diablo” de allí que ya dentro de su administración pueda pasar cualquier cosa, con tal de “honrar” el pago del préstamo o la devolución del aporte, tal como sucedió con la obra del estadio de Neiva.

Por eso pido desde esta tribuna a todos los opitas, iniciar una nueva y verdadera guerra contra la corrupción, también a los organismos de control del estado llevar hasta las últimas consecuencias, la investigación y castigo para los culpables del escandaloso descalabro que ha sufrido la ciudad por cuenta de este mal que es generador de descomposición y desigualdad social, además de generador de violencia.

¡Hasta la próxima!

Por: Ricardo Alonso Puentes
@RiCaPuL

Ricardo Alonso Puentes

Nacido en Rivera (Huila), residente en Santiago De Cali - Administrador de Empresas, Abogado, Especialista en Finanzas, Periodista deportivo de la Universidad De Rosario de Argentina. Comentarista de Onda Gol - Alfa estéreo 107.8 FM.

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