Opinión | Pacho Soto, el sueño olímpico.

Hace muchos años un hombre soñador, dedicado y testarudo, nos hacía dar vueltas y vueltas en la antigua villa olímpica del municipio de Pitalito; aquel personaje, docente de la Institución Educativa Normal Superior, quien en sus clases de educación física se empeñaba en forjar talentos y en querer descubrir —de una manera silvestre— nuevos atletas, para que nuestra ciudad laboyana en un futuro no muy lejano, nos representara con decoro en diversos torneos e hicieran algún día, parte de una selección Huila o tal vez de una selección Colombia. Y fue así, gracias a su tenacidad y disciplina y a las penurias económicas que nunca han sido ajenas en este duro andar y de las que en muchas ocasiones fuimos testigos que de su propio bolsillo tuvo que subsidiar; así, fue como estos pequeños arbolitos comenzaron a dar sus frutos, emergiendo luego, grandes deportistas como, Alba Nieto, Lucero Parra, Keila Adarmes y Edward Chilito, entre otros; estos dos últimos integrando la selección Colombia y participando en los primeros eventos nacionales, así como Suramericanos, logrando medallas y puestos de honor.

De todo este sacrificio y desgaste dejado por Pacho Soto, nació una promesa e institucionalidad en el ámbito de la docencia y el entrenamiento deportivo, quien a la postre continuara con el legado atlético impartido en esta institución educativa y que mejoraría —hablando de logros— lo heredado por su mentor. Fue así, con abnegación, en una pista polvorienta y en calles peligrosas, donde comenzaron a formarse escuelas deportivas en el municipio, con el respaldo de la alcaldía de la administradora Gladys Canacué Medina —apoyo que aún funciona—.

Es ahí donde nuestros deportistas empezaron a contar con mejores ayudas económicas, y donde los laboyanos comenzamos a soñar, no con una participación nacional, sino con anhelos y un proyecto planeado a cuatro o quizás ocho años, pensando en las olimpiadas que se avecinaban. De todo este proceso formativo nacieron grandes marchistas, como Eider Orlando Arévalo Truque y Manuel Estaban Soto Ruiz —este último, sobrino de Pachito— pero entrenado en últimas por su padre, en un esfuerzo económico y laboral. Estos dos hijos de nuestra tierra, nos representaran con orgullo en Rio 2016 a quienes seguiremos pegados al televisor, esperando que figuren de la mejor manera. Dios quiera, con medallas o con los distinguidos diplomas olímpicos.

Gracias a ese proceso, estos dos chicos —hoy protagonistas a nivel nacional— se convertirían en el resultado positivo de esa gran iniciativa deportiva que nació en el municipio y que es ejemplo a nivel nacional —estrategia aún patrocinada por los alcaldes— y que nos tienen a todos los laboyanos nacidos y adoptivos, fantaseando en los próximos olímpicos que se llevarán a cabo en el país de la samba, con una medalla que ya no será solo para algunos, sino para millones de colombianos que tienen sus esperanzas en estos grandes atletas, hijos de nuestro terruño y legado del gran Pachito.

A este gran hombre, un sentido homenaje, al cual los laboyanos recordaremos siempre; le agradeceremos su terquedad, su dedicación y compromiso, y muy seguramente él, como el resto de los laboyanos, celebraremos con sentido propio sus logros, sus triunfos y sus medallas.

¡Ojala que así sea…!

Por Julián Perdomo Cabrera
@colproyectosmga.

Julián Perdomo Cabrera

Administrador de empresas. Aspirante a especialista en contratación estatal y negocios jurídicos de la administración. Tecnólogo profesional en formulación de proyectos. Asesor de proyectos experto en inversión pública. Auditor interno del instituto latinoamericano de la calidad. Diplomado en gestión pública. Diplomado en contratación del estado. Diplomado en sistemas de gestión integrado y modelos de excelencia. Diplomado en derecho administrativo. Diplomado en presupuesto y hacienda pública.

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