“Ella no se mató, a ella la mataron”

Comparta

Tras conocerse los resultados de necropsia y las declaraciones del hijo mayor de Esmeralda Marín, todo parece indicar que se trató de un homicidio. La mujer presentaba heridas en el cuello no propias de una soga, y en las manos esposadas había señales de posible violencia. Las extremidades inferiores y superiores también registraban algunos hematomas.

La investigación tomó otro rumbo luego que los agentes del CTI de la Fiscalía, encontraran ciertas anomalías en el lugar de los hechos, como el grosor de la cuerda que habría utilizado la enfermera para ahorcarse, el tubo que sostenía la cuerda era el mismo que sujetaba una cortina, además, de la ropa que tenía puesta la occisa, quien hasta tacones tenía.

El policía Héctor Joel Urbano Perdomo, adscrito al CAI Estadio de Neiva, entregó su propia versión a las autoridades. Según él, la mujer había tomado la decisión de quitarse la vida luego de una fuerte discusión que sostuvo con el uniformado, y que no fue posible dialogar con ella para arreglar las cosas, pues ella lo impedía, encerrándose en la habitación sin dejar ingresar a Héctor, por lo que a él le tocó violentar la chapa de la puerta para poder entrar y encontrar esa imagen tan impactante de la cual no se ha logrado recuperar.

El policía tenía otra familia

La historia de amor de la pareja comenzó clandestinamente, no para Esmeralda, pues ella no tenía ningún compromiso, pero sí para Héctor, quien pese a haber negado a su esposa e hijos, sí tenía otra familia.

Un requerimiento policial en el billar de propiedad de la mujer, fue el punto de encuentro donde la pareja se conoció, pues desde entonces las visitas se hicieron continuas, ya no de forma oficial, si no con intereses personales, donde luego de algunos días inició el romance. Ese mismo que no duró más de seis meses y que hoy terminó con la muerte de la madre, enfermera, amiga e hija que todos lloran.

¿Ya la había golpeado antes?

Esmeralda Marín Hernández, habría sido agredida antes físicamente y verbalmente, pero nunca denunció ante las autoridades, lo único que les pedía a sus familiares era que no supieran cómo era él, solo quería alejarse un tiempo, pero este hombre seguía golpeándola en ocasiones delante de su familia, tanto así, que su hijo se pregunta por qué no la dejaba ir si no la quería.

Inicialmente, el hombre con quien Esmeralda llevaba conviviendo aproximadamente dos meses, se presentó con otro nombre, tratando de utilizar una fachada u ocultando su verdadero presente. Sin embargo, días después la máscara se le cayó y pese a quedar en evidencia, la relación continuó. Héctor Joel Urbano es padre de dos niños, casado y desde el año 2003 pertenece a la Policía Nacional como patrullero; en la Metropolitana de Neiva lleva la mitad.

“¿Tiene conocimiento si la señora Esmeralda ha sufrido algún golpe en los últimos días, es que tiene unos hematomas en piernas y brazos que nos parecen extraños?” fue la pregunta de uno de los investigadores del CTI, al hijo de la mujer, quien respondió de forma que no, y que esos golpes eran señales de alerta y que hablaban por sí solos de la verdad de lo acontecido.

Redes Sociales

La familia de Esmeralda se enteró de lo acontecido por redes sociales cuando diferentes medios de comunicación publicaron la foto de la enfermera donde anunciaban su muerte, lo que sorprende es que el patrullero nunca avisó lo sucedido a sus allegados.

El cuerpo de Esmeralda, al parecer, presentaba heridas en el cuello no propias de una soga, y en las manos esposadas había señales de posible violencia. Las extremidades inferiores y superiores también registraban algunos hematomas.

Son precisamente estos signos los que tienen a los investigadores del CTI de la Fiscalía asignados al caso trabajando en una hipótesis diferente a la del suicidio.

Con voz entre cortada, el hijo de Esmeralda reafirma que su progenitora no tenía motivos para quitarse la vida: “Mi mamá estaba a pocos días de graduarse como enfermera, era una mujer berraca, luchadora, sin problemas, sin deudas, no tenía una vida perfecta, pero tampoco deseaba quitársela. Ella no se mató, a ella me la mataron. La vida de mi mamá quedó en las manos de un policía criminal”.

Agregó “Para nosotros esto es lo peor que nos ha podido pasar. Es obvio que esto no es un suicidio, ella no lo hizo sola, hay pruebas, evidencias, hay rastros, hay señales de alarmas que deben ser atendidas para esclarecer la muerte de ella”.

Según el joven, “existen fotos del levantamiento del cuerpo donde queda en evidencia las heridas que ella tenía, ella estaba arrodillada en la cama, esposada y ahorcada, además de muy bien arreglada, incluso en tacones. Uno no se arregla para matarse”.

Fuente La Nación

 

Comparta

Rubén Malpica

Comunicador Social y Periodista

Comente aquí

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *